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POTIFICIA UIVERSIDAD CATÓLICA ARGETIA

Facultad de Derecho Canónico

LA IMADUREZ
AFECTIVA

Cátedra: Medicina Legal Canónica

Profesor: Pbro. Dr. Carlos Baccioli

Alumno: Pbro. Juan Lisandro Scarabino.

Fecha de entrega: 11 de junio de 2009, AD.

Fecha de examen: 29 de junio de 2009, AD.


2

La inmadurez afectiva
1. Concepto1
Para poder comprender lo que es la inmadurez afectiva, hace falta comenzar
por lo que es la afectividad, pasar luego a lo que es la madurez afectiva y llegar,
después de este recorrido, a la inmadurez afectiva.

1.1 Afectividad
La afectividad es la dimensión propia del hombre en su anhelo dialogal. El
hombre, naturalmente tiene un anhelo de abrirse al diálogo, este anhelo tiene su sede
en la dimensión afectiva, la cual está formada por el conjunto de sentimientos,
emociones, afectos, humor, pasiones... Toda esta esfera está inserta en una sexualidad
bien definida. Por esta razón se manifiesta de distintas maneras en la mujer y en el
varón.

La afectividad está interrelacionada de una forma dinámica con las otras


dimensiones de la persona, a saber, la voluntad, la inteligencia, los sentidos internos...

Por lo que ya podemos percibir que la afectividad encubre toda la personalidad


de la persona. Y esto lo hace de dos maneras:

• Como elemento integrador de la dimensión intrapersonal: elemento integrante


de la conducta humana en el proceso psíquico de su formación.

• Como elemento integrador de la dimensión interpersonal: dinamismo


integrante de la conducta humana en relación al establecimiento y
mantenimientos de las relaciones con los demás.

1.2 Madurez afectiva


Cuando hablamos de madurez nos estamos refiriendo al estado de plenitud al
que se llega tras un proceso de crecimiento paulatino. La madurez alude a un estadio
terminal o conclusivo de un proceso evolutivo.

Podemos hablar de la madurez en general, por lo que entendemos el equilibrio


emocional que permite establecer vínculos dialogales, estables y responsables con los
demás.

1
Cf C. BACCIOLI, La inmadurez afectiva como causa de nulidad matrimonial en la jurisprudencia de la Rota
Romana. Disertación para la licenciatura en Derecho Canónico, Buenos Aires 1995, págs. 13-22.
3

Y también podemos hablar de la madurez en relación con el matrimonio, por lo


que entendemos la capacidad de establecer esos mismos vínculos dialogales, con una
persona de otro sexo y esto tanto a nivel unitivo (físico, psíquico y espiritual) como
procreativo – educativo.

Por último hacemos una aclaración que nos parece importante: la madurez es
algo dinámico. Por lo que no podemos hablar de madurez afectiva como de un estado
más allá del cual ya no puede darse una madurez mayor. No podemos entender la
madurez como un estadio terminal después del cual ya no hay un mayor nivel de
madurez. La persona se está haciendo continuamente, está madurando sin cesar.2

Siguiendo a Salvador CERVERA3 podemos decir que la persona se muestra ante sí


y ante los demás con una triple dimensión:

• Madurez biológica: que es la culminación de los procesos biológicos,


desencadenados endógenamente y dirigidos por la especial constitución
genética del individuo y la influencia que sobre él y sobre estos procesos
ejercen las circunstancias externas concretas.

• Madurez psicológica: que es proceso interior de perfeccionamiento personal,


en el que las acciones, sentimientos y pensamientos intervienen directamente
en la configuración de nuestra propia persona. Este proceso no depende
únicamente del paso del tiempo, sino que requiere un quehacer continuo
durante toda la vida.

• Madurez relacional: un hombre es adulto, podemos decir, cuando está en


condición de responder convenientemente a las exigencias que le plantean una
cultura. Esta madurez relacional capacita al individuo para la adaptación
efectiva en las relaciones interpersonales.

El mismo autor menciona las que para él son las ocho características más
importantes de la madurez afectiva. 4

1. Capacidad para amar y ser amado.

2. Capacidad para dominar su talante afectivo.

2
Cf J. BONET ALCÓN, Elementos de derecho matrimonial canónico, Buenos Aires 2000, pág. 103.
3
Cf S. CERVERA, Madurez afectiva y madurez conyugal, en AA.VV., Consentimiento matrimonial e
inmadurez afectiva. Actas del VI Simposio internacional del Instituto Martín de Azpilcueta, Pamplona
2005, págs. 98-105
4
Cf S. CERVERA, Madurez afectiva…, págs. 107-108.
4

3. Capacidad de afrontar la realidad y operar adecuadamente con ella.

4. Capacidad para interpretar de modo positivo las experiencias de la vida.

5. Capacidad para aprender de la propia experiencia.

6. Capacidad para aceptar las experiencias negativas.

7. Capacidad de compromiso, responsabilidad y conocimiento personal.

8. Capacidad para relacionarse adecuadamente con los demás.

1.3 Inmadurez afectiva


En general es la dificultad o incapacidad para establecer vínculos dialogales
estables y responsables con los demás.

La podemos definir como…

“…la inadecuada evolución de sentimientos, afectos, emociones,


pasiones, tendencias, humor dominante, instintos, hábitos, etc., de una
determinada persona,”5

En orden al matrimonio es la dificultad o incapacidad para establecer esos


mismos vínculos dialogales con una persona del otro sexo, tanto a nivel unitivo (físico,
psíquico, espiritual) como procreativo – educativo.

La inmadurez afectiva depende de muchos factores, sobre todo se destacan los


factores biológicos, culturales y los familiares.

2. Inmadurez afectiva como síntoma de un trastorno de la


personalidad6
No vamos a entrar en esta monografía sobre la discusión bastante reciente que
la si la inmadurez afectiva es una causal por sí misma del matrimonio porque es un
trastorno de la personalidad o si es un causal por ser ella un síntoma de algún
trastorno. La primer corriente es la clásica que se basa mayormente en la
jurisprudencia rotal, mientras que la segunda es mucho más reciente. En definitiva la
conclusión última de las dos corrientes es la misma: es una causal de nulidad si es
grave. Por esto no entraremos en la discusión, solo la mencionamos y seguiremos la
corriente más reciente.

5
J. BONET ALCÓN, Elementos…, págs. 102-103.
6
Cf C. BACCIOLI, La inmadurez…, págs. 23-27.
5

El manual de psiquiatría DSM-IV no incluye la inmadurez afectiva entre los diez


trastornos de la personalidad.7

Vamos a comparar a la inmadurez afectiva con la fiebre. Ésta no es una


enfermedad en sí, sino que es un síntoma de alguna otra enfermedad. La fiebre nos
indica que la persona que la posee está padeciendo algún mal. Así como la fiebre es
un síntoma que la persona puede tener alguna enfermedad del aparato respiratorio
(angina, faringitis, laringitis, bronquitis…) o alguna infección por virus o bacterias
(gripe, resfriado, inflamaciones del riñón, inflamaciones de la vejiga urinaria, otitis,
gastroenteritis, tuberculosis, neumonía, meningitis…), o inflamaciones del aparato
digestivo (apendicitis, inflamaciones del intestino) o ser producida por alguna
intoxicación alimentaria, o por cáncer, linfomas, neuroblastomas, leucemia, sida; o por
enfermedades reumáticas y del sistema inmunitario… así la inmadurez afectiva se
puede tener por los siguientes trastornos de la personalidad: egoísmo, narcisismo;
inestabilidad afectivo—emocional; excesiva dependencia de la figura paterna o
materna; inseguiridad; irresponsabilidad, depresión.

A continuación describiremos brevemente estos mencionados trastornos de la


personalidad.

A. Egoísmo – narcisismo: es la actitud propia de quien piensa solamente en sí


mismo, en sus propias necesidades, en sus propios intereses. De esta forma se
desinteresa de los demás.

El narcisismo es una versión del egoísmo. Es la supervaloración de uno mismo,


de las propias capacidades, de las cualidades propias y de una constante y
desmedida preocupación por sí mismo y por los propios intereses.

De esta forma podemos afirmar que el que sufre de egocentrismo—narcisismo


está incapacitado para asumir y cumplir las obligaciones esenciales del
matrimonio.

B. Inestabilidad afectivo—emocional: es la tendencia a los altibajos u oscilaciones


de ánimo, o sea, de humor, de sentimientos, de emociones, de pasiones… Estos
altibajos son provocados por motivos insignificantes. Puede acompañarse por
la dificultad para controlar dichos altibajos.

C. Excesiva dependencia de la figura paterna o materna: dicha dependencia a las


figuras parentales es normal hasta la primera juventud. La persona normal,
poco a poco, va estabilizando las relaciones afectivas con sus padres hasta

7
AA.VV., DSM-IV. Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, Barcelona 1995, pág. 645
6

llegar a cierta independencia afectiva. Esta superación es indispensable para un


desarrollo normal de la personalidad. Los que no logran superarlas quedan
como anclados en el estadio de la infantil de excesiva dependencia. Esta
dependencia frecuentemente está reforzada por la actitud sobreprotectora de
los padres que asfixian al hijo y lo obligan a sentirse siempre niño, sin
autonomía y necesitado siempre de ser dirigido por ellos.

D. Inseguridad: la persona insegura es también tímida y trata de compensar su


inseguridad con un excesivo orgullo, con una alta opinión de sí mismo, con una
excesiva suspicacia que lo lleva a creer fácilmente que es menospreciado.

El inseguro vive una tan grande inestabilidad emocional que tiene grandes
dificultades para establecer una relación interpersonal. Dicha inestabilidad le
imposibilita que funcione bien su capacidad deliberativa y electiva: difícilmente
tendrá la fuerza necesaria para soportar, con equilibrio, los contratiempos de
toda relación interpersonal.8

E. Irresponsabilidad, despreocupación (de los hijos, de la esposa, de las


necesidades de la casa…): la responsabilidad es la capacidad de asumir las
obligaciones y de dar respuestas de los propios actos. Este es el mayor indicio
de la madurez. El irresponsable difícilmente mantiene una relación afectiva
estable con su pareja. Fácilmente cae en la infidelidad. Estas personas son
incapaces de asumir las obligaciones propias de la vida matrimonial.

3. Inmadurez afectiva psicológica y canónica9


La inmadurez afectiva psicológica no debe confundirse con la canónica. La
primera es el punto de llegada del desarrollo humano, la segunda es el punto mínimo
de partida para la validez, en este caso, del matrimonio.

Por lo tanto, la noción de madurez que tiene un psicólogo y un canonista es


diversa.

“La diversa noción y valoración del concepto de capacidad matrimonial


que deben poseer los canonistas y la que poseen normalmente los
peritos. Para éstos, se trata de la capacidad de recibir y ofrecer la plena
realización personal en la relación con el cónyuge feliz. En cambio, el
derecho canónico mira la capacidad mínima suficiente para un
matrimonio válido. Y no considera que exista incapacidad cuando hubo

8
Cf. J. BONET ALCÓN, Elementos…, págs. 107-108.
9
Cf C. BACCIOLI, La inmadurez…, págs. 32
7

imprudencia como prueba de la incapacidad, leves psicopáticas o


deficiencias de orden moral.”10

Hay que tener presente que el matrimonio es una realidad de derecho natural
para el hombre normal. Para que se pueda producir válidamente hace falta que esté el
mínimo necesario. No se busca, y a su vez sería absurdo buscar, una madurez plena y
perfecta. Por esta razón, la persona puede ser portadora de dificultades.11

4. Capacidad psíquica requerida para un consentimiento


matrimonial válido12
Para poder recibir válidamente el sacramento de matrimonio hace falta ser un
sujeto capaz tanto jurídica como naturalmente.

La capacidad jurídica significa ser sujeto hábil. En nuestro caso del matrimonio
es capaz jurídicamente quien está libre de los impedimentos mencionados en los
cánones 1083-1094.

La capacidad natural es la capacidad de orden psíquico. La misma puede


dividirse en cuatro puntos:

1. Capacidad para poder entender  suficiente uso de razón.

2. Capacidad para poder discernir discreción de juicio.

3. Capacidad para poder asumir ausencia de condicionamientos


psíquicos.

4. Capacidad para poder cumplir  ausencia de condicionamientos


psíquicos.

Por todo esto podemos afirmar que el consentimiento matrimonial es


sustancialmente un acto psicológico sobre cuyos mecanismos actúan todos aquellos
factores que concurren a realizar el acto formalmente humano.

Por lo tanto, para que el consentimiento sea válido, el hombre que lo da, debe
ser capaz de realizar el acto psicológico humano, lo cual implica:

• Suficiente uso de razón.

10
J. BONET ALCÓN, La salud psíquica y ética de los futuros contrayentes, en AA.VV., Curso sobre la
preparación al matrimonio, Buenos Aires 1995, pág. 92.
11
Cf C. BACCIOLI, Nulidad matrimonial. Causas psicopatológicas, Buenos Aires 2001, págs. 144-145.
12
Cf C. BACCIOLI, La inmadurez…, págs. 45-46.
8

• Adecuada discreción de juicio o madurez psíquica acerca de los


derechos y deberes esenciales del matrimonio.

• Posibilidad de asumir y de cumplir las obligaciones esenciales del


mismo.

Si falta alguna de estas capacidades, el consentimiento matrimonial será nulo.

Dicha capacidad necesaria se la puede calificar como la capacidad conyugal, lo


que quiere decir una suficiente madurez afectivo—sexual o una suficiente capacidad
para el amor conyugal tanto a nivel de pareja como a nivel de los hijos.13 Por lo que la
capacidad requerida tiene que estar en relación con las obligaciones matrimoniales.

“La capacidad requerida, por lo tanto, es una capacidad que se


proporcione con las obligaciones y deberes esenciales del matrimonio. Es
en esta capacidad de amar donde se funden los elementos meta—
jurídicos y los cuasi—jurídicos con los propiamente jurídicos del amor
matrimonial adquiriendo el mismo relevancia jurídica. En ambos casos
está comprometida la voluntad, sin la cual el amor se reduciría a puro
sentimiento que, como se ha visto, no tiene relevancia jurídica alguna.”14

4.1 Incapacidad por falta de discreción de juicio (c. 1095, 2°)15


Nos encontramos ante un canon inhabilitante, según el canon 10 que dice lo
siguiente:

“Se han de considerar invalidantes o inhabilitantes tan sólo aquellas


leyes en las que expresamente se establece que un acto es nulo o una
persona es inhábil”16

No basta el uso de razón suficiente para los actos ordinarios. Hay que poseer
dos elementos más: una conciencia crítica proporcionada a los deberes conyugales; y,
libertad de acción, lo cual es la facultad de determinarse sin condicionamientos
provocados por mismo psiquismo del individuo.

“La ley positiva no puede, entonces, exigir en los contrayentes más de


aquel mínimo necesario y suficiente para que ellos entiendan, evalúen y
deliberen al contraer nupcias.”17

13
Cf C. BACCIOLI, Nulidad matrimonial…,pág. 146.
14
Cf C. BACCIOLI, Nulidad matrimonial…,págs. 147-148.
15
Cf C. BACCIOLI, La inmadurez…, págs. 46-48.
16
Can. 10.
9

Cuando hablamos de discreción de juicio estamos hablando del discernimiento


no abstracto, sino el referido a un objeto bien preciso, en nuestro caso, de los deberes
y derechos que los contrayentes se han de dar y aceptar mutuamente. Hace falta el
juicio valorativo y práctico a la vez. Los profesores de Salamanca hacen el siguiente
comentario al respecto:

“Se consideran aquí las cosas que atañen al juicio valorativo—práctico


que se debe realizar por el contrayente sobre el matrimonio que se va a
contraer aquí y ahora, con una determinada persona, teniendo en
cuenta el conocimiento y cumplimiento futuro de las cargas
matrimoniales: para contraer válidamente matrimonio se requiere en el
contrayente la existencia del sentido valorativo, crítico o conciencia
moral del objeto del propio matrimonio, de manera que éste puede
asumir su decisión libremente y ejercer el acto humano.”18

El canon 1095, 2 aclara que para que el sujeto sea incapaz de contraer
matrimonio la falta de discreción de juicio tiene que ser grave. O sea que tiene que ser
un defecto que comprometa la madurez específica y necesaria para constituir el pacto
conyugal.

“La madurez requerida debe evaluarse también en relación al objeto


específico del matrimonio traducido, en este caso, en los derechos—
deberes recíprocos entre los esposos (no solamente el ius in corpus sino
también el bien de los esposos y la constitución del consorcio, de la
comunidad de toda la vida).”19

Por su parte los profesores de Salamanca son concisos y no dejan la menor


duda al comentar este punto en cuestión.

“La carencia debe ser grave –expresamente se introdujo este adjetivo


para indicar su profundidad – y la medida exigible de la misma está en
proporción con la realidad matrimonial.”20

Y más adelante en su comentario expresan cómo puede verse afectada la


discreción de juicio.

17
C. BACCIOLI, La inmadurez…, pág. 49.
18 4
AA.VV., Código de Derecho Canónico. Comentario al canon 1095, Madrid 2005 .
19
C. BACCIOLI, La inmadurez…, pág. 48.
20 4
AA.VV., Código de Derecho Canónico. Comentario al canon 1095, Madrid 2005 .
10

“Diversas y variadas anomalías psíquicas y situaciones especiales,


permanentes o transitorias, pueden afectar a la discreción de juicio que,
en términos generales, coincide con lo que se denomina madurez o
responsabilidad.”21

4.2 Incapacidad de asumir las obligaciones esenciales del


matrimonio por causas de naturaleza psíquica (c. 1095, 3°)22
En este canon, que también es inhabilitante, el objeto ya no es el
consentimiento sino que son las obligaciones esenciales del matrimonio. Las mismas
son:

• La constitución del consorcio de toda la vida.

• El bien del conyuge.

• La procreación y la educación de la prole.

El objeto de este canon es no poder ni asumir ni cumplir estas obligaciones.

Se puede poseer una suficiente discreción de juicio y a su vez ser incapaz de


asumir y de cumplir las obligaciones esenciales.

“Se trata aquí de los casos en los cuales, aún en ausencia de


enfermedades mentales, el individuo es incapaz de establecer relaciones
interpersonales o de instaurar una verdadera comunión de vida
matrimonial en su conjunto.”23

La incapacidad de asumir se basa en la incapacidad para cumplir, ya que dicha


incapacidad se refiere a la dimensión relacional, por lo que no se podrá realizar una
relación interpersonal.

“…para contraer válidamente no es suficiente comprender los elementos


esenciales del matrimonio, ni tampoco con tener capacidad para
quererlo. Se requieren además, ser capaces de cumplir los derechos—
deberes esenciales del mismo.”24

Puede darse el caso y de hecho se da con frecuencia, que hay personas que
conocen lo que es el matrimonio y que incluso tienen una voluntad de vivirlo bien.

21 4
AA.VV., Código de Derecho Canónico. Comentario al canon 1095, Madrid 2005 .
22
Cf C. BACCIOLI, La inmadurez…, págs. 48-50.
23
C. BACCIOLI, La inmadurez…, pág. 49.
24
C. BACCIOLI, La inmadurez…, pág. 49.
11

Pero, a pesar de ello, son incapaces de cumplir, siempre por alguna causa psíquica, los
derechos y los deberes propios del matrimonio.

Se excluyen del causal las obligaciones accidentales, las que no son esenciales.

4.2.1 Incapacidad para cumplir las obligaciones esenciales


relacionadas con el bien del cónyuge.25
Esta capacidad es la capacidad para las relaciones conyugales interpersonales
que son necesarias para la formación del matrimonio. La capacidad mencionada
consiste en:

• Poseer una capacidad orientada en modo claro al otro sexo. Se privan los
elementos homosexuales o bisexuales definidos.

• Realizar el acto conyugal de modo humano, en lo físico y en lo psicológico,


conforme a la dignidad humana: sin violencia, con ternura, con delicadeza…
como verdadero acto conyugal por lo cual se hacen una sola carne (Gn. 2,14;
can. 1061 §1).

4.2.2 Incapacidad para cumplir las obligaciones esenciales


relacionadas con el bien de la prole.26
Los esposos deben poseer no solo suficiente madurez para realizar el acto
conyugal orientado a la unión de los esposos y a la procreación, sino además para
ocuparse de la educación integral de los hijos acompañándolos con su presencia
amorosa para que crezcan en un ambiente que les permita desarrollarse como
personas. Y esto será posible si los padres pueden establecer con sus hijos una relación
afectiva.

5. Incidencia de la inmadurez afectiva en la nulidad del


matrimonio27
Incide en dos direcciones.

1. Si incapacita al contrayente para hacer el acto psicológico del consentimiento.

2. Si lo incapacita para asumir—cumplir las obligaciones esenciales.

25
Cf C. BACCIOLI, Nulidad matrimonial…, pág. 158.
26
Cf C. BACCIOLI, Nulidad matrimonial…,pág. 159.
27
Cf. C. BACCIOLI, La inmadurez…, págs. 50-54.
12

“Es decir, la inmadurez afectiva no constituye en sí misma una causa


jurídica de nulidad del matrimonio. Sólo puede incidir en esta si puede
reconducirnos a alguna de las dos causas jurídicas de grave defecto de
discreción de juicio y/o de incapacidad para asumir—cumplir las
obligaciones esenciales del matrimonio.”28

Hoy hay un acuerdo unánime al afirmar que la inmadurez afectiva no es un


capítulo de nulidad. Dice al respecto Carlos ERRÁZURIS:

“…hoy existe acuerdo unánime sobre el hecho de que la inmadurez


afectiva no constituye de por sí un capítulo jurídico—canónico de
nulidad, sino que es un supuesto de hecho que puede corresponder o no
a una de las causales previstas por la ley canónica. En este sentido se
considera en particular el grave defecto de discreción de juicio acerca de
los derechos y deberes matrimoniales esenciales (can. 1095, 2°), o bien
en algunas ocasiones la incapacidad de asumir las obligaciones
esenciales del matrimonio (can. 1095, 3°). De este modo se juzga la
incidencia de la inmadurez a la luz de conceptos propiamente jurídico—
matrimoniales, como los del los nn. 2-3 del can. 1095.”29

5.1 Requisitos para que incida en la nulidad la inmadurez


afectiva
A) Debe ser grave: se da si afecta seriamente a la misma constitución de la
persona. Está implícito en el c. 1095, 3° que la causa psíquica que hace nulo al
matrimonio debe ser grave.

“La inmadurez afectiva como síntoma de problemas psíquicos leves,


superables, no puede ser nunca causa suficiente de nulidad
matrimonial.”30

Sin embargo hubo tribunales en Holanda y en Estados Unidos en la década del


´70 que introdujeron la inmadurez afectiva leve como causa de nulidad. Ante esto
intervino el Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica, en una carta del 30/12/71;
también el papa Juan Pablo II al pedir que no se declare fácilmente la nulidad por estos

28
C. BACCIOLI, La inmadurez…, págs. 50-51.
29
C. J. ERRÁZURIZ M., Inmadurez afectiva e incapacidad consensual, en AA.VV., Consentimiento
matrimonial e inmadurez afectiva. Actas del VI Simposio internacional del Instituto Martín de Azpilcueta,
Pamplona 2005, págs. 113-114
30
C. BACCIOLI, La inmadurez…, pág. 51.
13

problemas psíquicos y también la jurisprudencia de la Rota Romana que no admite la


nulidad cuando la inmadurez afectiva no es grave.

B) Antecedente a la celebración del matrimonio aunque desconocida y se


manifieste una vez celebrado el matrimonio.

Además de estos dos criterios existen otros, dos pero no existe uniformidad
respecto a su alcance ni en la doctrina ni en la jurisprudencia rotal. Estos son si la
inmadurez tiene que ser perpetua o temporal y si debe ser absoluta o basta con que
sea relativa.

6. Nivel de gravedad clínica (leve, grave, muy grave)31


La inmadurez afectiva no es una enfermedad en sí misma, sino un síntoma de
una enfermedad en sí misma, como dijimos anteriormente.

Hay que distinguir en la inmadurez afectiva dos niveles:

• La inmadurez afectiva propia de la edad evolutiva.

• La inmadurez afectiva como síntoma de problemas psíquicos.

Es este último caso el que nos interesa. Por lo que la inmadurez afectiva será de la
misma gravedad que la del problema psíquico de la cual es solamente su síntoma. De
esta forma podemos decir lo siguiente.

• Inmadurez afectiva como síntoma de problemas psíquicos leves, superables

• Inmadurez afectiva como síntoma de trastornos graves de la personalidad. Ésta


puede estar acompañada de anomalías psicopatológicas graves.

7. Jurisprudencia acerca de la inmadurez afectiva32


Según el Código de Derecho Canónico, la doctrina y la jurisprudencia, la
inmadurez afectiva no constituye ningún capítulo de nulidad, sino que puede incidir en
ella en cuanto pueda remitirse a alguna de las dos causas jurídicas de grave defecto de
discreción de juicio y/o incapacidad para asumir y cumplir las obligaciones esenciales
del matrimonio. Sin embargo la inmadurez afectiva es como la causa de los dos
capítulos del canon 1095. Dice STANKIEWICZ:

31
Cf. C. BACCIOLI, La inmadurez…, págs. 27-30.
32
Cf. C. BACCIOLI, La inmadurez…, págs. 55-86.
14

“Según la jurisprudencia, la inmadurez afectiva no se convierte por eso


en un capítulo de nulidad del matrimonio, aunque quepa en los
esquemas de nulidad del ordenamiento canónico, es decir cuando se
aplica la incapacidad para la discreción de juicio o la incapacidad para
asumir los compromisos esenciales del matrimonio. En realidad la
inmadurez afectiva hay que entenderla en el sentido de causa formal, es
decir, como una estructura psíquica anormal del sujeto en relación a su
capacidad crítica y a la de asumir de las obligaciones conyugales.”33

La inmadurez afectiva puede llegar a alcanzar tal grado que llegue a incapacitar
al contrayente:

1. Para hacer el acto psicológico del consentimiento matrimonial:

a. Por obstaculizar e imposibilitar el acto de la deliberación sobre le mundo


real de las personas y las cosas.34

b. Por las dificultades, muchas veces insuperables, que encuentra para


dominar y moderar los impulsos inconscientes.35

c. Por llevar a la desestructuración de la coordinación y colaboración que


debe existir entre los diversos estratos del psiquismo humano en la
elaboración del acto psicológico del consentimiento matrimonial.

2. Para constituir y realizar las relaciones interpersonales en la que consiste el


matrimonio:

a. Por falta del dominio emocional y de adaptación a la realidad.36

b. Por un exagerado egocentrismo que impide la donación generosa de


uno mismo.37

33
A. STANKIEWICZ, Jurisprudencia de la Rota Romana sobre inmadurez afectiva, en AA.VV., Consentimiento
matrimonial e inmadurez afectiva. Actas del VI Simposio internacional del Instituto Martín de Azpilcueta,
Pamplona 2005, pág. 162.
34
Cf. c. Heard, 5 de junio de 1941 en SRRD XXXIII, 489; c. Sabattini, 24 de febrero de 1961 en SRRD LIX,
118; c. Lefebvre, 6 de julio de 1967 en SRRD LIX, 555; c. Pompedda, 16 de diciembre de 1970 en SRRD
LXII, 252; c. Lefebvre, 28 de abril de 1972 en SRRD LXIV, 563; c. Di Felice, 21 de octubre de 1972, en
SRRD LXIV, 588; c. Di Felice, 9 de septiembre de 1973 en SRRD LXV, 486; c. Pinto, 4 de febrero de 1974
en SRRD LXVI, 39.
35
Cf. c. Huot, 14 de febrero de 1974 en SRRD LXVI, 105; c. Stankiewicz, 11 julio de 1985, en ME 111
(1986) 167.
36
Cf. c. Stankiewicz, 18 de diciembre de 1986, en ME IV (1988) 456.
15

c. Por falta de capacidad de formar juicios prácticos sobre la realidad


externa objetiva y de superar sin excesiva ansiedad y sin huída al mundo
de los sueños las dificultades de la vida.38

El impacto de dicho concepto en la jurisprudencia de la Rota Romana tuvo lugar


en el período post-conciliar, entre los años 60 y 70,

“…como un síntoma de trastorno de los afectos, aunque raramente


considerado grave.”39

Llama la atención que no se exigía la gravedad. Al respecto dice la coram


Lefebvre del 6 de julio de 1967, lo siguiente:

“Cavendum tamen est ne confundatur immaturitas iudicii cum


immaturitate affectiva, quae solummodo est signun cuiusdam
perturbationis affectuum raris adeo gravioris.”40

Y en otra del 29 de julio de 1972 encontramos lo siguiente:

“Prefecto status isti sive hysteriae permanentis, sive immaturitatis


affectivae de se insufficientes sunt generatim ad tollendam mentis
discretionem requisitam ad matrimonialem consensum eliciendum.”41

En su origen, la inmadurez afectiva, fue acogida en la jurisprudencia bajo la


formulación de arriération affective (retraso afectivo) de Hesnard. Su significado
sinónimo era el de inmadurez afectiva

37
Cf. c. Pinto, 30 de julio de 1986: “Immaturitatis criteria, pro matrimonio contrahendo, haec
communiter dantur: a) Incapacitas subordinandi passiones libidinesque rationi et voluntati vel superandi
conflictus, propter anxietatem. b) Genitorum talis necessitas ut matrimonium celebrans non coniungem
quaerat sec matrem vel patrem, quin pervenire valeat ad integrationem ut unionem in coniugali vita
requisitam. Immo, sine illorum adiutorio decisionem alicuius momenti sumere non valeret. c) Egoismus
huiusmodi ut, cum alios amat, seipsum revera quaerat, de propria utilitate tantummodo curans, quin
aliorum commodum respiciat. Recipere vult, non vero dare. d) Irresponsablitas pro assumendis et
adimplendis officiis essentialibus matrimonii.”; c. Lefebvre, 17 de enero de 1970, en SRRD LXII, 55; c.
Stankiewicz, 18 de diciembre de 1986 en ME IV (1988) 457.
38
Cf. c. Stankiewicz, 10 de diciembre de 1979 en EJC 3-4- (1980) 400.
39
A. STANKIEWICZ, Jurisprudencia de la Rota…, pág. 149.
40
SRRD LIX 555, n. 4.
41
SRRD LXIV 514, n. 6.
16

7.1. Algunas sentencias rotales

7.1.1. c. Agustini, 4 de diciembre de 1984 (Negativa)42


Esta sentencia es la de la apelación de la c. Huot del 7 de diciembre de 1982. En
ella encontramos una cita a la c. Lefebvre del 21 de enero de 1976 que dice que si la
inmadurez afectiva no es tan grave que haga imposible la relación interpersonal es
irrelevante (n. 3).

7.1.2. c. Anné, 11 de marzo de 1975 (Afirmativa)43


Según la actora la convivencia ha sido infeliz desde el comienzo debido a que la
parte convenida era alcohólico, infiel, siempre se desinteresó de las hijas, era una
persona egocéntrica, amoral, extremadamente egoísta y hedonista.

Según los peritos se puede “parlare di abnorme egoismo, di deficienza morale,


di semplice edonismo inmmaturativo… personalitá immatura, priva di preocupazioni
morali e decisamente egocentrica.”

La sentencia distingue entre capacidad de consentir y de asumir el objeto del


consentimiento, requiriendo solamente para esta última el requisito de perpetuidad.

La sentencia es afirmativa porque los jueces entienden que en el caso del


hombre “tempore nuptiarum saltem, defuisse illam discretionem iudicii, sub axiologico
seu valorum ethicorum qua habilis fuerit ad eliciendum consensum vere
matrimonialem, seu interdendi matrimonium, prout est substantialibus” (n. 9).

7.1.3. c. Colagiovanni, 22 de noviembre de 1983


(Afirmativa)44
El hombre antes de casarse había sido sacerdote. Él se casó solamente por
dinero, se endeudó en muchas oportunidades tanto que tuvo que ocultarse para
escapar de sus acreedores y evitar problemas con la justicia.

Si el hombre no fue capaz de asumir las obligaciones sacerdotales, dice la


sentencia, mucho menos puede sostenerse que era idóneo para asumir las
obligaciones matrimoniales que no son menos honerosas (nn. 9 y 30) en cuanto que
implican perpetua servitus.

42
Cf. SRRD LXXVI 578-591
43
Cf. AA.VV, L’immaturità psico-affettiva nella giurisprudenza della Rota Romana, Città del Vaticano
1990, pág. 113.
44
Cf. SRRD LXXV 653-672.
17

“Certissime adsunt casus verae anomaliae psycho—phisycae retardationis in


progressu concordi corpotis et animi virum.”

7.1.4. c. Colagiovanni, 30 de junio de 1987 (Negativa)45


El hombre tenía 31 años y ya había contraído un matrimonio que fue disuelto
por no haber sido consumado. La mujer tenía 21 años. Tuvieron una hija.

“Duo saltem requiruntur ut immaturitas irritet consensum matrimonialem: a) ut


sit gravis; b) ut respiciat praecise obligationes essentiales ad vitam coniugalem
ducendam” (n. 7).

El problema es circunscribir el ámbito de la inmadurez: a) en relación a la edad;


b) a la personalidad (afectividad, inteligencia, voluntad); c) a las experiencias sociales;
d) a la tipicidad del ambiente social, de las normas culturales, éticas, jurídicas de la
sociedad cual uno forma parte (n. 7).

La madurez se presume si el sujeto es capaz: a) de controlar sus instintos


subordinándolos a la inteligencia y a la voluntad; b) de aceptar los conflictos con ansia
moderada; c) de instaurar relaciones con otros sujetos en un grupo; d) de suficiente
capacidad crítica en el proceso de socialización (n. 7)

De la causa no emerge que el hombre fuera inmaduro; no hubo problema


alguno durante la convivencia prematrimonial ni por diversos años después de las
bodas.

45
Cf. SRRD LXXIX 464-472.
18

Bibliografía
Bibliografía utilizada

AA.VV., Código de Derecho Canónico. Edición bilingüe comentada, Madrid 20054.

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1995.

AA.VV, L’immaturità psico-affettiva nella giurisprudenza della Rota Romana, Città


del Vaticano 1990.

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Canónico, Buenos Aires 1995.

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canonico (can. 1095), Roma 1994.

-------------Maturità psico-affettiva e matrimonio (can. 1095, 2-3- del Codice di


Diritto canonico), Città del Vaticano 2001;

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reciente Jurisprudencia Rotal, en AA.VV, Curso de derecho matrimonial y
procesal canónico para profesionales del foro, IX, Salamanca 1990, págs. 273-
284.
19

GARCÍA FAÍLDE J.J., Nuevo estudio sobre trastornos psíquicos y nulidad del matrimonio,
Salamanca 2003, págs. 483-513.

MONTOYA TRIVIÑO B., Malformaciones de la personalidad y sus principales


manifestaciones clínicas frente al compromiso matrimonial, en AA.VV, Curso
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en AA.VV, Curso de derecho matrimonial y procesal canónico para
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PÉREZ RAMOS A., Precisiones jurisprudenciales sobre la inmadurez afectiva y su


prueba pericial, en AA.VV, Curso de derecho matrimonial y procesal canónico
para profesionales del foro, vol. XI, Salamanca 1994, págs. 365-387.

SERRANO RUIZ J. M., La nulidad del matrimonio por anomalías sico-sexuales, en AA.VV.,
Curso de derecho matrimonial y procesal canónico para profesionales del
foro, I, Salamanca 1975, págs. 58-59.

STANKIEWICZ A., Jurisprudencia de la Rota Romana sobre inmadurez afectiva, en Ius


canonicum 45 (2005) 35-53.
20

Índice
LA INMADUREZ AFECTIVA ...................................................................................................................... 1

1. CONCEPTO .............................................................................................................................................. 2

1.1 Afectividad .................................................................................................................................... 2

1.2 Madurez afectiva .......................................................................................................................... 2

1.3 Inmadurez afectiva ....................................................................................................................... 4

2. INMADUREZ AFECTIVA COMO SÍNTOMA DE UN TRASTORNO DE LA PERSONALIDAD .................................................. 4

3. INMADUREZ AFECTIVA PSICOLÓGICA Y CANÓNICA ............................................................................................ 6

4. CAPACIDAD PSÍQUICA REQUERIDA PARA UN CONSENTIMIENTO MATRIMONIAL VÁLIDO ............................................ 7

4.1 Incapacidad por falta de discreción de juicio (c. 1095, 2) ............................................................. 8

4.2 Incapacidad de asumir las obligaciones esenciales del matrimonio por causas de naturaleza
psíquica (c. 1095, 3) .......................................................................................................................... 10

4.2.1 Incapacidad para cumplir las obligaciones esenciales relacionadas con el bien del cónyuge. ............ 11

4.2.2 Incapacidad para cumplir las obligaciones esenciales relacionadas con el bien de la prole. .............. 11

5. INCIDENCIA DE LA INMADUREZ AFECTIVA EN LA NULIDAD DEL MATRIMONIO ........................................................ 11

5.1 Requisitos para que incida en la nulidad la inmadurez afectiva ................................................. 12

6. NIVEL DE GRAVEDAD CLÍNICA (LEVE, GRAVE, MUY GRAVE) ............................................................................... 13

7. JURISPRUDENCIA ACERCA DE LA INMADUREZ AFECTIVA ................................................................................... 13

7.1. Algunas sentencias rotales......................................................................................................... 16

7.1.1. c. Agustini, 4 de diciembre de 1984 (Negativa) .................................................................................. 16

7.1.2. c. Anné, 11 de marzo de 1975 (Afirmativa) ........................................................................................ 16

7.1.3. c. Colagiovanni, 22 de noviembre de 1983 (Afirmativa)..................................................................... 16

7.1.4. c. Colagiovanni, 30 de junio de 1987 (Negativa) ................................................................................ 17

BIBLIOGRAFÍA ...................................................................................................................................... 18

BIBLIOGRAFÍA UTILIZADA .............................................................................................................................. 18

BIBLIOGRAFÍA SOBRE EL TEMA ....................................................................................................................... 18

ÍNDICE.................................................................................................................................................. 20