You are on page 1of 24

“Mantenlo simple”

Al encarar los efectos desconcertantes y a menudo abrumadores del alcoholismo,


cuanto más simple y directo sea el enfoque, mejor. El lema “Mantenlo simple” explica
justamente eso. Cuando la vida parece ingobernable o confusa, muchos, sin saberlo,
complicamos las cosas aún más tratando de adelantarnos a todo lo que pueda salir mal,
para estar preparados a responder. Este lema nos recuerda que no podemos controlar
todos los resultados posibles en cada situación, y que intentarlo hace que nuestras
vidas se vuelvan más difíciles y tensas que de costumbre. Al “mantenerlo simple”,
tratamos de ver las cosas como son en realidad, examinando lo que verdaderamente
está sucediendo en lugar de todo aquello que podría o no suceder. Podríamos afrontar
grandes proyectos y desafíos con lentitud, paso a paso, en etapas de fácil manejo en
vez de todo de una sola vez. A veces debemos actuar con apresuramiento, pero no
toda tarea nueva o acontecimiento inesperado constituye una crisis. Nuestras
temerosas respuestas iniciales pueden ser causadas por la costumbre más que por
necesidad. Con el tiempo, aprendemos que al sentirnos paralizados y abrumados,
complicamos las cosas o aceptamos más de lo que podemos manejar en ese momento
o en ese día, y que seríamos más afortunados simplificando lo que estamos tratando
de lograr. Podemos relajarnos e intentar ser más amables con nosotros mismos,
confiando en que al poner un pié delante del otro, al final llegaremos a donde nos
dirigimos.
“Por la gracia de

Dios”
Este lema, una versión abreviada de “ahí, por la gracia de Dios, voy yo”, nos recuerda
acercarnos a otra gente con compasión. Muchos nos hemos vuelto impacientes,
críticos y resentidos con aquellos que nos rodean, en especial los alcohólicos de
nuestras vidas; pero cuando las actitudes y acciones de otros nos molestan,
recordamos que, si no fuera por la gracia de nuestro Poder Superior, bien podríamos
estar nosotros en el lugar de esa gente. No podemos saber con precisión lo que otros
están atravesando, ni tampoco es tarea nuestra castigarlos por algún sufrimiento
que nosotros pensamos han causado. La venganza, el resentimiento, la culpa y la
crueldad nos hacen más daño a nosotros que a ninguna otra persona. ¿A esto
queremos dedicar nuestra energía? Bien podríamos pensar en algo más positivo,
encontrando gratitud por los dones recibidos y reconociendo que todos los seres
humanos, aún los que sufren por el alcoholismo, actúan de la mejor manera posible.
“Hazlo con calma”
La bienvenida sugerida de Al-Anon explica que sin la ayuda espiritual de nuestro programa,
muchos tratamos de “obtener soluciones a la fuerza”. Cuando los esfuerzos para superar el
alcoholismo de otro no nos llevan a nada, resolvemos intentarlo con más determinación. Cuando
esperamos con impaciencia una respuesta que no llega, llevamos a cabo una acción al azar sólo
para sentir que estamos haciendo algo. Cuando las cosas no encajan, nos negamos a abandonar el
intento e intentamos forzar esas cosas. Como resultado, crece nuestra frustración, aumenta
nuestra ansiedad, nos sentimos fracasados y prometemos intentarlo con mayor determinación.
En resumen, se distorsiona nuestra manera de pensar. Con el lema “Hazlo con calma”, Al-Anon
sugiere una alternativa simple a esta pauta destructiva y frustrante. A veces no hacer nada
puede ser mucho más productivo.

Tratamos de hacer las cosas con frenesí. Este lema nos recuerda que, si “frenesí” no funciona,
“calma” a menudo sí. Quizás no obtengamos todas las respuestas hoy. Esto no es un fracaso,
es sólo una realidad. No siempre es tarea nuestra resolver todos los problemas. Tal vez
esperemos demasiado de nosotros mismos o de otros. En realidad podríamos saber todo lo que
es necesario saber hoy. Cuando llegue el momento, descubriremos más. “Hazlo con calma” nos
recuerda que un enfoque calmo podría hacer mucho más tolerable una situación difícil.

O quizás estemos tratando de asumir algo que no es responsabilidad nuestra. Luchar con más
ahínco sólo dificultará las cosas; pero si adoptamos una actitud más suave y relajada, podríamos
ver la situación con mayor claridad y actuar de acuerdo con ello.
“Primero, las cosas
más importantes”
Cuando la vida se torna caótica, es fácil perder la pista sobre lo que requiere atención
inmediata y lo que no. Los pequeños obstáculos pueden parecer crisis y los grandes
problemas pasar desapercibidos. La furia de un alcohólico debido a una herida sin
importancia puede adquirir más prioridad que una emergencia médica, porque la furia es
demasiado ruidosa y demasiado exigente; y porque nos hemos acostumbrado a reaccionar
ante cualquier exigencia del alcohólico. Por eso, no solo pasamos por alto situaciones
críticas, sino que a menudo descuidamos algunas de nuestras propias necesidades pasivas
pero importantes que podrían hacernos disfrutar más la vida. Descuidamos la salud,
encontramos poco tiempo para darle afecto a los niños y abandonamos cualquier impulso
que sintamos de divertirnos.
“Primero, las cosas más importantes” nos alienta a hacer una pausa para fijar prioridades.
Antes de reaccionar, podemos preguntarnos qué es lo más importante en este momento.
Al planificar una mañana, podemos considerar cuál de nuestras necesidades más pasivas
podría merecer atención. En medio de una discusión acalorada, podemos apegarnos al tema
que nos concierne y dejar de lado otras cuestiones que no son tan urgentes. Cuando el
día parezca ser demasiado corto, podemos aceptar las limitaciones y decidir lo que debe
hacerse de inmediato, y lo que puede postergarse. No somos sobrehumanos; no podemos
hacerlo todo. “Primero, las cosas más importantes” nos ayuda a tomar decisiones más
prácticas y a aceptar dichas decisiones.
“Sólo por hoy”
Este lema es un compromiso de dejar de lado el pasado y el futuro, y vivir sólo este día. Al encarar
sólo el día de hoy, los proyectos aparentemente imposibles se tornan factibles. Los conflictos que
habrían ocupado toda nuestra atención pueden afrontarse durante un periodo de tiempo razonable,
si reconocemos que tal vez no tengan que resolverse completamente y de una sola vez. Y “Sólo por
hoy”, podemos introducir pequeños cambios en nuestras acciones y actitudes, examinar nuevas
posibilidades y correr algunos riesgos mínimos, todo lo cual puede ayudarnos a avanzar de forma
positiva. Muchos miembros de Al-Anon comienzan por medio del intento de adoptar una o dos de las
sugerencias que se incluyen en el folleto titulado Sólo por hoy. No importa cuáles elijamos; todas
pueden ayudarnos a utilizar este día y a aprender que administrar un solo día puede ser el inicio de
una nueva y mejor vida:

Sólo por hoy trataré de pasar el día, sin esperar resolver el problema de toda mi vida en un momento.
Sólo durante doce horas puedo proponerme hacer algo que me espantaría si creyera tener que seguir
haciéndolo durante toda la vida. Sólo por hoy seré feliz. Abraham Lincoln tenía razón al decir: “Casi
todo el mundo es tan feliz como se propone”.

Sólo por hoy me ajustaré a lo que es, sin tratar de amoldar todo de acuerdo con mis deseos. Tomaré la
“suerte” como venga y me acoplaré a ella.

Sólo por hoy tendré un programa a seguir.

Quizá no lo siga con exactitud, pero lo tendré. Me salvaré de dos plagas: la prisa y la indecisión.

Sólo por hoy no tendré miedo. Trataré especialmente de no sentir miedo a disfrutar de lo que es
bello, y creer que del mundo he de recibir de acuerdo con lo que le dé.
“Que empiece por
mí”
El programa de Al-Anon nos ayuda a dejar de concentrarnos tan intensamente en lo que dicen, hacen o sienten los que
nos rodean y, en su lugar, a concentrarnos en nosotros mismos. Cuando nos sentimos tentados a culpar a otros por
nuestros problemas o a justificar nuestro mal comportamiento señalando el mal comportamiento de otros, este lema
nos recuerda cuál es nuestro centro de atención. Somos responsables de nuestras acciones, independientemente del
comportamiento de otros. Cuando sentimos la necesidad de modificar una situación, podemos aplicar este lema y
comenzar con lo que se puede mejorar. ¿Acaso un cambio de actitud por parte nuestra no podría facilitar las cosas?
¿Estamos contribuyendo positivamente con lo que está ocurriendo, o estamos sólo observando y criticando, esperando
que otros se ocupen de la situación por nosotros? “Que empiece por mí” es una manera de cambiar las cosas que
podemos (en especial nuestras propias actitudes) en lugar de esperar a que los demás cambien para satisfacernos.

Por lo general, cuesta reconocer las necesidades o los deseos auténticos porque esperamos que otra persona satisfaga
esas necesidades. Tal vez estemos deseando que haya más honestidad en una relación, o tener fines de semana más
placenteros, pero ni siquiera estamos asumiendo ninguna responsabilidad por lo que debemos hacer para solventar esas
necesidades. Es como pasar hambre mientras esperamos que otra persona que no sabe cocinar se encargue de la cena.
“Que empiece por mí” podría sugerirnos que cocinemos nosotros mismos, que salgamos a cenar o que nos pongamos de
acuerdo con alguien que sepa cocinar. En pocas palabras, asumimos la responsabilidad de solventar nuestras
necesidades.

Por eso, si hemos pensado en cosas que deseamos que uno de nuestros padres, un hijo, un cónyuge, un amigo o un
empleador haga por nosotros o contribuya a nuestra relación, podríamos considerar otras personas u otros medios
para satisfacer dichos deseos. Si a menudo nos decepciona un amigo a quien no se puede uno atener, en lugar de esperar
que esa persona cambie, podríamos tratar de dejar de depender de él. Tal vez haya otra persona en nuestra vida en
quien podamos confiar más cuando realmente le necesitemos. También podríamos preguntarnos si hemos sido siempre
dignos de confianza en todas nuestras relaciones. A veces las cosas que más nos incomodan sobre otras personas son
las mismas que nosotros hacemos sin darnos cuenta. De manera similar, lo que más admiramos en otras personas
pueden ser las mismas características que somos capaces de cultivar en nosotros.
“¿Cuán importante
es?”
Este lema nos ayuda a ponernos en la perspectiva correcta. Al reflexionar en lo que realmente
nos importa, podemos incluir preocupaciones tales como la salud, la serenidad, alimentación y
vivienda adecuadas, y un apoyo afectuoso de otros. Cada uno de nosotros es libre de decidir por
sí mismo sobre lo que verdaderamente tenga valor, pero la mayoría estamos de acuerdo en que
a veces nos disgustamos por asuntos ínfimos. En comparación con el hecho de poder comer o no
hoy, ¿cuán importante es que hayamos cocinado demasiado el pollo? ¿Vale la pena perder la
serenidad por olvidarse de comprar el periódico? ¿Qué precio estamos dispuestos a pagar para
ganar una discusión o probarle a otras personas que tenemos la razón? ¿Cuán importante es si
una llamada que estamos esperando no se concreta, o si un ser querido decide algo que no nos
gusta? ¿Acaso las palabras antipáticas de un compañero en una mañana merecen un día entero
de infelicidad, obsesión y hostilidad? ¿Merecen aún cinco minutos de infelicidad? ¿Importa
tanto?

¿Debemos tomarlo a pecho? ¿Vale la pena la recriminación contra uno mismo, el resentimiento
de otros, o pasar horas de angustia? ¿Cuán importante es?

Aunque decidamos que el asunto es importante, podemos preguntarnos si es importante


hoy. ¿Acaso vivimos en un futuro incierto, preocupándonos por cosas que tal vez no sucedan
nunca? Hoy es todo lo que tenemos. ¿Por qué derrochar este don precioso de tiempo en
pequeñeces cuando podríamos estar celebrando el hecho de que contamos con todo lo que
realmente necesitamos? La perspectiva que obtenemos al aplicar este lema nos permite
descartar pequeñas preocupaciones, irritaciones sin importancia y juicios infundados, para
poder valorar la riqueza extraordinaria y las maravillas que ofrece la vida.
“Piensa”
Uno de los efectos del alcoholismo es que la mayoría de nosotros tiende a reaccionar ante
todo lo que vemos, y a menudo percibimos los incidentes pequeños como si fueran crisis
serias. En vez de decidir actuar en nombre propio, dejamos que las acciones y las
exigencias de otras personas dicten lo que hacemos, demostrando así poco respeto por
nuestros intereses. Como consecuencia, nos sentimos víctimas, a merced de cualquier
dificultad que la vida nos ponga en el camino. Este lema nos recuerda que en lugar de
reaccionar automáticamente a cualquier provocación, petición o exigencia, podemos
“Pensar” antes de actuar, decidiendo lo que más se ajusta a nuestros intereses.
Algunos nos sorprendemos al descubrir que “Piensa” es un lema. Después de todo, muchos
de nuestros mejores pensamientos nos crearon grandes dificultades. La diferencia hoy es
que nuestra manera de pensar ha cambiado; tratamos de no perder tiempo planeando la
manera de hacer cambiar a otros o preocupándonos por cosas sobre las que no tenemos
control. En su lugar, aprendemos a utilizar nuestras mentes para lograr los máximos
beneficios. “Pensamos” en la parte que nos corresponde en la creación de nuestra propia
felicidad o nuestro propio dolor y en lo que podemos hacer para mejorar nuestras vidas y
nuestras relaciones con otros. “Pensamos” en los Doce Pasos e intentamos aplicarlos a
nuestras circunstancias específicas. “Pensamos” en cómo incluir a nuestro Poder Superior
en nuestras vidas diarias. Ya no estamos atrapados en la manera de pensar distorsionada
y autodestructiva del pasado. Con la ayuda de Al-Anon, aprendemos a aprovechar nuestros
pensamientos de modo productivo.
“Un día a la vez”
Hay muchos métodos para resolver un problema, abordar una nueva actividad, encarar un temor y prepararse para el cambio.
Muchos hemos intentado tales proyectos escudriñando el futuro y tratando de adelantarnos a solucionar cualquier
inconveniente que pudiera aparecer, adoptando decisiones basadas en información que realmente no tenemos, porque el futuro
aún no ha ocurrido. Este enfoque casi nunca es satisfactorio. En la mayoría de los casos, no podemos predecir cada acontecimiento
que pueda suceder, así que por mejor que nos preparemos, al final se nos sorprende sin estar en guardia. Mientras tanto, hemos
consumido tanta energía y tiempo tratando de predecir hechos futuros, aliviar heridas futuras y prevenir consecuencias futuras,
que nos hemos perdido de las oportunidades de hoy. Y la magnitud de la tarea que nos fijamos nos ha dejado sin fuerzas, abrumados
y aturdidos. Para nuestra mayoría, un enfoque más práctico ante nuestros desafíos y temores es enfrentarlos “Un día a la vez”. No
podemos decidir el futuro porque el futuro no está a nuestro alcance hoy. Atormentarse por él, tratar de manipularlo, adelantarse
al mismo; todas estas actividades simplemente nos roban este momento. No podemos cambiar el futuro, pero aprovechando al máximo
este día, nos preparamos para poder afrontar lo que nos traiga el mañana. Podemos preguntarnos si debemos o no confiar en el
renovado compromiso con la sobriedad de un ser querido, pero es imposible predecir qué sucederá a largo plazo. Sólo podemos
decidir cómo vamos a responder hoy.

Podemos responder a los cambios a la vista, prestando atención a los nuevos desafíos y disfrutando la satisfacción producida por
la sobriedad de un ser querido, o alimentando la obsesión por la posibilidad de otro desliz. No podemos saber qué sucederá, y no
necesitamos negar ninguna posibilidad, ya sea que valga la pena o no; pero derrochar el hoy atormentándose por el mañana no nos
preparará mejor para afrontar las dificultades que puedan presentarse. Si se manifiestan, esas penosas dificultades nos dolerán
igual mañana, ya sea que nos estén dando vueltas en la cabeza o que las hagamos a un lado hoy. Todos los preparativos no nos evitarán
ni una pizca de dolor. En realidad, prolongará nuestro sufrimiento, ya que le habremos agregado tiempo adicional de preocupación.
Así que como no hay ninguna ventaja en tratar de vivir el futuro, sólo tiene sentido permanecer en el presente y aprovechar al máximo
todos los momentos valiosos que se nos brinda.

Otra ventaja de vivir “Un día a la vez” es que dividimos tareas enormes y agobiantes en pequeños objetivos más fáciles de alcanzar.
Tal vez no podamos solucionar una disputa con un jefe o un ser querido para siempre, pero tal vez podemos llegar a un acuerdo por
hoy solamente. Quizás no podamos pagar toda una deuda ahora, pero podríamos pagar una parte de la misma, sabiendo que varias
partes pequeñas al final constituirán grandes sumas.

No podemos hacer lo imposible. Preocuparse por el hambre de mañana no colocará alimentos sobre la mesa, sólo nos hará olvidar
valorar los alimentos que tenemos hoy. Este día nos otorga innumerables oportunidades de sentir alegría, pena y toda una gama de
emociones humanas. ¿No habrá llegado acaso el momento de aprovecharlo plenamente?
“Mantén una
mente receptiva”
La guía puede asumir diversas formas, y casi siempre llega cuando menos la
esperamos. Las palabras de sabiduría pueden brotar de la boca de un niño o
de las divagaciones de alguien que nos cae mal. Nunca sabemos dónde
encontraremos inspiración o ayuda. Si “Mantenemos una mente receptiva”,
estaremos en nuestra propia disposición de recibir esa ayuda,
independientemente de su fuente. Al limitar las posibilidades de encontrar
respuestas, podríamos perder oportunidades importantes de mejorar
nuestras vidas. Por eso es conveniente recordar que un recién llegado a Al-
Anon puede, al igual que un miembro antiguo, pronunciar las palabras
“apropiadas” que desencadenen una nueva idea. Y a veces una cena con amigos
o una velada de cine pueden aclararnos un problema, igual que lo haría una
hora de esfuerzos concentrados para resolver el problema directamente.
Cuando entregamos nuestra voluntad y nuestras vidas al cuidado de un
Poder Superior, afirmamos que necesitamos guía. La tarea ahora es mantener
nuestras mentes receptivas, sabiendo que la ayuda que puede cambiar una
vida puede asumir diversas formas, voces o métodos. Los maestros nos
rodean. Abrámosle espacio a cada uno de ellos.
“Vive y deja vivir”
Este es un lema de dos partes. Al lidiar con el alcoholismo, muchos nos concentramos en la última
parte del lema, en el “deja vivir”. Como nos hemos sentido demasiado responsables de las
decisiones y acciones de otra gente, el concederle a otros la dignidad de adoptar decisiones
por sí solos y permitirles hacerse cargo de los resultados puede convertirse en una lucha
bastante fuerte. Usamos este lema para recordar que debemos dejarlos en paz y “dejarlos
vivir”. Así se benefician todos. Las personas en nuestra vida se benefician porque al fin obtienen
el respeto que les corresponde como seres humanos. Ahora son libres de recoger los frutos de
sus esfuerzos positivos y de cosechar las consecuencias de su comportamiento más destructivo.
Sea lo que sea lo que decidan hacer, al ocuparnos de nuestros propios asuntos y salirnos del
camino, permitimos que otros sean lo que son. Al mismo tiempo, nos liberamos de todo tipo de
cargas ajenas. Nosotros tenemos también la oportunidad de encararnos a nosotros mismos.

Aquí entra la otra parte del lema, el “Vive”. Muchos hemos sufrido bastante negligencia como
resultado de la enfermedad familiar del alcoholismo, gran parte de ella con respecto a nosotros
mismos. Distraídos o consumidos por los problemas de otros, descuidamos nuestros cuerpos,
almas y espíritus. Los Padrinos o Madrinas y otros amigos de Al- Anon pueden ayudarnos a
encontrar el camino para satisfacer necesidades no reconocidas o satisfechas en el pasado. Este
lema nos alienta a realizar esfuerzos especiales para tratarnos bien. Nos recuerda que forjar
una vida para nosotros mismos, independientemente de lo que hacen o dejan de hacer otros,
debe convertirse en la máxima prioridad. Los demás no son los únicos que merecen nuestro
respeto. Nosotros también merecemos tratarnos con dignidad. Tenemos el derecho de
“Vivir”, y por supuesto es nuestra responsabilidad hacerlo.
“Suelta las riendas
y entrégaselas a
Dios”
Este lema puede ser un antídoto al deseo que tenemos muchos de controlar lo incontrolable. En
vez de depender de nuestro ego u obstinación para dirigir nuestras vidas y las vidas ajenas,
aprovechamos la fortaleza, la sabiduría y la compasión de un Poder superior a nosotros. En lugar
de aferrarnos, “Soltamos las riendas y se las entregamos a Dios”.

A menudo somos nuestros peores enemigos, obstaculizando la ayuda que necesitamos. Cuando
ponemos en práctica este lema, nos salimos del camino. Abandonamos el problema, la necesidad
de saber que sucederá y cuándo, la obsesión con las decisiones de otra gente, los
pensamientos y las preocupaciones que derrochan nuestro tiempo y nuestra energía porque
no podemos resolverlos solos. Y dejamos que Dios se encargue de ellos.

Cuando pensamos que ya no hay opciones y que nada funciona como esperamos, cuando no
sabemos qué hacer o no podemos imaginar qué se puede hacer, podemos “Soltar las riendas y
entregárselas a Dios”. Cuando la vida funciona sin sobresaltos y probamos nuevas ideas y
acciones estimulantes, podemos recordar Quién está a cargo de los resultados, y “Soltar las
riendas y entregárselas a Dios”. Cuando un amigo de Al-Anon atraviesa momentos difíciles, y
no sabemos cómo demostrar nuestro apoyo, lo único que debemos hacer es decirle que estamos
disponibles y “Soltar las riendas y entregárselas a Dios”. Este lema nos permite reemplazar la
tensión, la preocupación y el sufrimiento por serenidad y fe. Está bien relajarse y dejar que
la vida siga su curso. Podemos estar seguros de que las respuestas, las decisiones, las acciones y
los pensamientos que necesitamos llegarán a nosotros cuando sea el momento, porque los hemos
colocado en manos de nuestro Poder Superior.