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Hoy día necesitamos hablar de los árboles, y esto implica que también

debemos tratar acerca e los bosques , pero no solamente por los beneficios que
indirectamente proporcionan, sino porque esta semana celebramos la semana
Forestal Nacional . “ Donde hay árboles, hay fauna y felicidad ”, reza un antiguo
dicho, y esto es cierto pues embellece y alegra nuestra vida, más aún cuando,
durante la primavera, los árboles se cubren de flores multicolores y limpian
nuestros pulmones de toda la contaminación ambiental.

Hoy día principalmente debemos recordar la importancia de la zona


forestal: los árboles tienen la virtud de purificar la atmósfera terrestre del impuro
anhídrido carbónico (CO2), que se produce continuamente por el escape de combustión de los carros y de otros escapes que son
diarios: fábricas, incineraciones, etc.

El aire así contaminado de las ciudades industrializadas es llevado hacia la forestación donde millones de plantas,
trabajando a la luz del sol, separan el anhídrido carbónico que por momentos fue irrespirable para las personas y para los animales,
dejando en libertad al oxígeno. También los árboles contribuyen a aminorar o evitar las inundaciones, ya que los árboles representan
obstáculos al aire y rápido escurrimiento de lluvias.

Es por todo esto hoy día y durante toda la semana debemos tomar conciencia de lo que significa la forestación nacional, y
de preparar el futuro, siquiera sembrando un árbol, y preservando nuestros campos forestales.

La segunda semana del mes de noviembre está designada en


nuestro Calendario Cívico Escolar como la “Semana de la Vida
Animal”. Y precisamente se ha instituido así con la finalidad
que en todos los centros escolares del país, se den las pautas y
orientación adecuadas al educando para que conozca, respete,
cuide y proteja nuestra riqueza del mundo animal.

En nuestro país, la riqueza del mundo animal es realmente


extraordinaria. En el bosque, en el mar, en la montaña, en los
ríos, en los lagos existen animales no sólo de curiosas formas y
de costumbres notables sino de extraordinaria belleza. Aunque
todos son muy distintos unos de otros, muchos de ellos poseen el
don de ser útiles al hombre.

La variedad desconcertarse que los seres vivos ofrecen no es menor que su abundancia. Imposible es dar en pocas líneas ni
siquiera una pobre idea de los diversos grupos, de las infinitas especies y de los miles de seres de rara belleza que el mundo
viviente encierra. Si queremos convencernos de ello, no hay más que realizar repetidas excursiones al campo y hallaremos alguna
novedad que nos sorprenda.

Si en lugar de realizar nuestras instructivas correrías por los mismos lugares y caminamos por las orillas de un río o de un lago,
por la ladera de una montaña donde el matorral abunda o por la peñascosa cumbre de la sierra, se nos revelará un mucho animal
maravilloso que deja en suspenso el espíritu del observador de la Naturaleza que se interesa por la vida animal.

Todo esto nos llama a reflexionar en que los animales forman no sólo un maravilloso mundo, sino que también son el
complemento esencial de un equilibrio biológico muy necesario para la propia del hombre y que por lo mismo estamos obligados
a proteger su existencia, sobre todo los de aquellos que por su propia naturaleza son útiles al hombre.
El 10 de noviembre también se ha designado
para celebrar el Día del Libro. En la antigüedad los libros
eran copiados en la Scriptoría de las catedrales,
monasterios, conventos y Universidades hasta que
posteriormente con la invención del papel por los chinos
y la utilización de la llamada “Tinta China” permitieron
que las impresiones se realizaran usando planchas de
madera tallada.

Poco a poco mejorándose las técnicas de


impresión, los chinos fueron evolucionando y crearon
caracteres independientes que reemplazaron a las
planchas talladas. Este descubrimiento chino de los
tipos móviles llegó a Europa y fue aquí que Johanes
Gutemberg, orfebre de oficio, mejoró los tipos móviles
de madera y las reemplazó por tipos móviles de metal y
diseñó la prensa que se utilizaría.

Se afirma que Gutemberg imprimió un primer


libro que se le denominó “Biblia de Gutemberg” que tenía
1282 páginas y se dice que empleó 3 millones de tipos y tardó en su impresión alrededor de un año y medio, conservándose en la
actualidad algunos ejemplares.

Actualmente la edición de un libro se realiza por medios computarizados y la impresión a través de máquinas offset o
máquinas rotativas y es posible imprimirlos a uno, dos, o más colores. El libro a sido, es y será siempre un excelente instrumento
de comunicación y eficaz vehículo para la difusión y conservación de pensamientos.

A pesar de la modernidad en que se vive y el avance en las comunicaciones como la computación, el Internet, el libro será
un insustituible amigo y fiel compañero que nos espera cada vez que lo necesitemos.

Cuando se habla de los niños, muchas veces equivocamos


las consideraciones que tenemos sobre ellos. Lo tratamos
como si no fuera una persona; lo consideramos un ser
incapaz de hacer o realizar algo bien o correcto y, por lo
general, creemos que no piensan ni sienten como nosotros.
En otras palabras, los tratamos como si fueran nuestros
muñecos, y los obligamos a que hagan lo que nosotros
queremos, sin darnos cuenta de que estamos
desconociendo sus derechos. Sí, los niños tienen sus
derechos; y la obligación de los adultos es hacerlos cumplir
ante ellos y ante los demás. Estos derechos están
comprendidos en la Declaración de los Derechos del Niño,
cuerpo legal elaborado por la Organización de las Naciones
Unidas (ONU), a través del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).

A continuación, los diez principios sobre los derechos del niño:


1. El niño disfrutará de todos los derechos reconocidos en esta declaración.
Son reconocidos a todos los niños sin excepción alguna ni distinción o discriminación por motivos de raza, color,
sexo, idioma, religión, opiniones políticas de otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento
u otra condición, ya sea del propio niño o su familia.
2. El niño gozará de una protección especial y dispondrá de oportunidades y servicios, dispensado todo ello por la ley
y por otros medios, para que pueda desarrollarse física, moral, espiritual y socialmente en forma saludable y normal,
así como en condiciones de libertad y dignidad.
3. El niño tiene derecho desde su nacimiento a un nombre y a una nacionalidad.
4. El niño debe gozar de los beneficios de la seguridad social. Tendrá derecho a crecer y desarrollarse en buena
salud, otorgándosele cuidados especiales tanto a él como a su madre, incluso atención prenatal y postnatal.
5. El niño física o mentalmente impedido o que sufra de algún impedimento social debe recibir el tratamiento,
educación y el cuidado especiales que requiere su caso particular.
6. El niño, para el pleno desarrollo armonioso de su personalidad, necesita de amor y comprensión, siempre que sea
posible deberá crecer al amparo y bajo la responsabilidad de sus padres y en un ambiente de afecto y de seguridad
moral y material. Salvo circunstancias excepcionales, no deberá separarse a corta edad de su madre.
7. El niño tiene derecho a recibir educación, que será gratuita y obligatoria por lo menos en las etapas elementales.
Se le dará una educación que favorezca su cultura general y le permita igualdad de oportunidades y llegar a ser
un miembro útil a la sociedad.
8. El niño debe, en todas las circunstancias, figurar entre los primeros que reciban protección y socorro.
9. El niño debe ser protegido contra toda forma de abandono, crueldad y exploración. No será objeto de ningún tipo
de trata. No deberá permitirse al niño trabajar antes de las edad mínima adecuada. En ningún caso se le dedicará
ni se le permitirá ocupación o empleo que pueda perjudicar su salud o su educación o impedir su desarrollo físico,
mental o moral.
10. El niño debe ser protegido contra las prácticas que puedan fomentar la discriminación racial, religiosa o de
cualquier otra índole.
Debe ser educado en un espíritu de comprensión, tolerancia, amistad, entre los pueblos, paz y fraternidad universal.

La Campaña de Tarapacá comprende tres enfrentamientos


principales que son a saber los siguientes: Toma de Pisagua,
batalla de San Francisco y la gran batalla de Tarapacá. La
primera se realizo el 2 de noviembre, la segunda el 19 de
noviembre, y la tercera el 27 de noviembre de 1879.

Luego de la batalla de San Francisco nuestras fuerzas se


replegaron hacia Tarapacá con el objeto de que una vez
repuestas pudieran continuar su marcha hacia Arica para así
poder comunicarse con el resto de fuerzas nacionales. Sin
embargo, los chilenos al tener noticias de que nuestros
defensores habían hecho alto y se encontraban descansando, resolvieron atacarlos por sorpresa. Al efecto,
al despuntar el alba del 27 de noviembre hicieron su aparición en los altos de
la hondonada que asienta a Tarapacá. El jefe de la plaza, coronel Belisario
Suárez dictó lo conveniente para la defensa y, de este modo, nuestros
escuadrones comandados por el Mariscal Andrés A. Cáceres se lanzaron,
resueltamente, al ataque haciéndolo con tal ímpetu que, pese a que el enemigo
había formado en semicírculo, sobrepasaron sus líneas, apoderándose de
varias piezas de artillería y poniendo en fuga precipitada a los militares
chilenos que huían desorganizadamente.
Esta batalla simplificó la heroicidad de todos nuestros bravos defensores,
y uno de los hechos más gloriosos de nuestra historia patria, porque encierra el más extraordinario ejemplo
de valentía y sacrificio, encabezada por la figura preclara de Andrés A. Cáceres.

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